jueves, 11 de enero de 2007

Nuevos retos del periodismo digital

Con ánimo de seguir aportando a nuestros debates, diría que hay dos grandes ejes de discusión en torno al llamado nuevo periodismo digital: 1) Compatibilidad del periodismo escrito digital y tradicional. 2) Participación ciudadana en el nuevo periodismo digital.

Respecto al primero, es el viejo debate que se repite, una y otra vez, siempre que irrumpe un nuevo medio de masas. Ya ocurrió a principios del siglo XX cuando se expandió la radio y todo el mundo pensó que acabarían los periódicos; igualmente le pasó a la propia radio a mediados de ese siglo, cuando comenzaron las primeras emisiones de televisión. Ahora le toca de nuevo al papel, que se presenta a veces en la falsa disyuntiva de reconvertirse por completo a la nueva era digital, o morir. Aparte del precedente histórico, que no es un argumento baladí, yo creo en la compatibilidad de medios porque todos tienen su magia especial. Me resisto a creer que el periódico de papel acabará sus días en los museos. En primer lugar porque, como ya he dicho, el papel tiene su magia y además es muy cómodo para leer. En segundo lugar porque, aún en el caso de que estuviera abocado a desparecer por influencia de las nuevas tecnologías, este proceso sería largo y heterogéneo, mirando las enormes diferencias de desarrollo económico que existen entre los pueblos del mundo. En tercer lugar, y sobre todo, porque no es realista que los periódicos rehuyan la era digital hasta el punto de dejar morir el fruto de su trabajo durante tanto tiempo. Quiero decir que los periódicos acabarán por adaptar o integrar a su oferta las ediciones digitales, compatibilizando ambas e incluso seleccionando secciones o modalidades periodísticas premeditadamente para una u otra edición, en función de dónde o cómo encajen mejor. Los periódicos tradicionales ya son conscientes (ante los más de 100 millones de sitios web registrados en todo el mundo en 2006, con los EUA a la cabeza -55 millones de sitios- seguidos de Gran Bretaña, Alemania y Francia, según Technorati de que el futuro de la edición de papel pasa irremediablemente por la complementación con lo digital. La prueba está en que las empresas periodísticas, sobre todo en el ámbito del periodismo escrito, exigen cada vez más conocimientos digitales.

Respecto a lo segundo, tendemos a confundir extensión de las nuevas tecnologías de la información con la democratización de la oferta informativa. Efectivamente, es un avance que la ciudanía pueda participar del proceso de información a traves de Internet, pero Internet y con ello el periodismo digital, será más o menos democrático en función de cómo se use y qué tipo de mensajes difundamos, más que por el número de personas que lo utilicen. Además, las lecturas triunfalistas acerca de la expansión de las nuevas tecnologías rara vez escapan a visiones del mundo excesivamente centradas en los países, llamados en nuestro entorno geopolítico, occidentales, obviando que tres cuartas partes del planeta ni tiene acceso a ellas, ni lo tendrá en los próximos decenios (entre otras cosas porque miles de millones de personas tienen otras preocupaciones más importantes, por ejemplo, comer). Tampoco me convence la idea de que la participación ciudadana en las nuevas tecnolgías hará inviable el futuro profesional del periodismo. Es enormemente positivo que la ciudadanía participe activamente en la vida social, cultural o política allá donde viva, y por ende, también en la elaboración de la información. No obstante, para que ésta sea contrastable, veraz, rigurosa o de calidad en todos y cada uno de los casos, es indispensable la labor del periodista profesional. El funcionamiento descrito acerca de ohmynews y en.red.ando creo que avala esta afirmación. Ese es el reto del periodismo ante la apertura de cauces de participación en la elaboración de la información, que también existían antes de Internet; y esa la función del periodismo profesional: además de editar o procesar la información, velar por su calidad y fiabilidad, para lo cual debe existir una preparación adecuada. En este sentido, me parece muy interesante la reflexión "El lenguaje periodístico en la red", de la Doctora en la Universidad Complutense de Madrid, Concha Edo Bolós.


Martín Calvo
m.calvo32.hotmail.com

martes, 2 de enero de 2007

Sociedad de la información: la brecha digital en el mundo global

En 1993, el Gobierno estadounidense hizo público el Plan de Actuación (The National Information Infrastructure: Agenda for Action) en el que se reflejaba claramente la intención de construir una “autopista electrónica”. Desde entonces, con la misma velocidad que han avanzado los países desarrollados en aspectos tecnológicos y comunicativos, la brecha digital en el Tercer Mundo se ha hecho cada vez más profunda. Y es que, la ‘sociedad de la información’, abanderada por Internet va camino de convertirse no sólo en el paradigma del futuro –ya lo es del presente-, sino también, en la mayor de las desigualdades sociales.

Manuel Castells, en su libro La Galaxia Internet define la divisoria digital como “la desigualdad en el acceso a Internet” . Sin embargo, este nuevo cleavage no se reduce únicamente a las dificultades de acceso a la World Wide Web. Más bien, debería hacer referencia a la exclusión a que se ven sometidos determinados colectivos con respecto a las nuevas formas de cultura y los novedosos roles comunicativos que implican, necesariamente, las nuevas tecnologías. El Imperio tecnológico de los países más ricos, con el avance de la informática a pasos agigantados y con el peligro, según Miquel de Moragas, de convertirse en una sociedades “de bits” más que en una sociedades “de la información” deja a los gobiernos y a los ciudadanos menos favorecidos con una única opción: estar sometidos a quienes tienen el poder del siglo XXI.

De un tiempo a esta parte, la gestión y producción de conocimientos ha sustituido al dinero como fuente de poder de las naciones. Ahora, y cada vez más en el futuro, el poder va necesariamente ligado al conocimiento, una cualidad que, indiscutiblemente, está íntimamente relacionada con las nuevas tecnologías. En este sentido, los entornos menos desarrollados van progresivamente quedándose “fuera del mundo”, más atrasados. No hablan por teléfono móvil ya que, probablemente, no tienen ni constancia de la existencia del teléfono fijo, como tampoco de Internet, de los IPods o de las PDA’s. Pero no sólo eso. Cada vez su acceso a la información es menor, puesto que carecen de medios de comunicación ‘grandes’ que puedan plantar cara a las multinacionales de noticias del primer mundo, por lo que la pluralidad de puntos de vista que les llega es menor. No hay que olvidar que, lejos de aplicar actuaciones glocales, en el sentido de pensar globalmente y actuar localmente, lo que se está haciendo desde los conglomerados informativos (que sólo existen en el primer mundo) es dar una visión única del mundo, que no es otra que la que les conviene a ellos, la que les es útil, aquella que solamente ellos son capaces de manejar. De esta forma, lo único que consiguen es, pues, hacer que la brecha digital y comunicativa se convierta en una herida cada vez más difícil de curar.
Por Marisol Vicedo Cerdá (marisol.vicedo@gmail.com)
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:

Castells, Manuel. La galàxia Internet. Reflexions sobre Internet, empresa i societat. Ed. Rosa dels Vents. 2002.

Moragas, Miquel. Internet y comunicación. Primeras etapas 1995-2000. Portal de la comunicación UAB. (requiere ser usuario registrado)

miércoles, 20 de diciembre de 2006

NUEVAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN

Un instrumento al servicio del ser humano

En plena era digital, la renovación continua de los medios de comunicación impide superar el histórico debate entre las corrientes apocalíptica e integrada iniciado a partir del siglo XVII, una dicotomía obstinada y artificialmente mantenida en el tiempo, que continúa contraponiendo bienestar y progreso contra deshumanización y tecnocracia.

En este contexto teórico, la complementación de los medios o la adaptación permanente de las diversas tecnologías sintetizan las posiciones más enconadas, toda vez que el imparable avance tecnológico arremete en las sociedades provocando cambios estructurales de difícil predicción. Nos hallamos ante el despegue imparable de las nuevas tecnologías, que sitúan el intercambio de información asincrónico, desubicado y sin jerarquías aparentes como fuente de poder, provocando también contradicciones dispares; tales como el hecho de tener más información que nunca mientras se ahonda la brecha digital entre ricos y pobres, o precisamente esa mayor disposición informativa que desata una inusitada confusión por la tendencia a la inmediatez y la superficialidad en el uso de éstas.

En la práctica, esas nuevas tecnologías de la información, cuyo máximo exponente actual bien podría ser Internet, han disparado la interrelación personal y grupal en un contexto global o mundial, permitiéndonos descubrir nuevas formas de democracia participativa complementarias a los cauces actuales; ahondar en el conocimiento de ideas, culturas, lenguas y realidades socioeconómicas diversas; o modificar los viejos estándares de los sistemas administrativo, formativo y laboral en todo el mundo. Todo ello, desde la realidad más cercana proyectada a lo que acontece en el mundo exterior, y desde una realidad global que se conoce y que puede aplicarse y regularse en el contexto local, con el apoyo y el compromiso necesarios de todas las instituciones. Sin duda son razones como para abordar el uso y conocimiento de las nuevas tecnologías con interés, esperanza e ilusión por un mundo mejor, sin olvidar, que son sólo un instrumento al servicio del ser humano, con sus visibles e innumerables ventajas. Y con sus no menos evidentes contradicciones.